8 ago 2013

Hablemos de películas: Step Up Revolution

Muy buenas, mis quisquillosos. El martes os dije que iba a traeros dos películas sobre talentos. Pitch Perfect fue la correspondiente a cantar, hoy toca bailar. Por ello, os presento Step Up Revolution, la última entrega de la conocida y moribunda saga.


Si la película del otro día era un ejemplo de lo bien que se podía llevar una película de este estilo, la de hoy es un perfecto ejemplo de cómo NO hacer las cosas. De verdad os lo digo. Pero antes de hablaros mal de ella, veamos qué original trama nos ofrece Step Up.

La película nos sitúa en Miami, ofreciéndonos dos visiones totalmente opuestas de la ciudad: por un lado, nos muestran los barrios marginales, y por otro, la zona más lujosa. Todo novedades, ¿verdad? La cosa mejora, ya veréis. Pues bien, nuestro protagonista es Sean, habitante de la zona pobre: es un joven buenorro y de buen corazón. Emily, por otro lado, es una ricachona con ideas propias, muy alejadas de las de su querido papi. Como veis, los guionistas se estrujaron los sesos en profundidad a la hora de hacer la trama. Y como muy bien habréis adivinado, estos dos jóvenes se conocen, y tras bailar tórridamente, se enamoran perdidamente el uno del otro, comenzando así una lucha por su romance. Guau, se le encoge el corazón a uno. Todo esto tiene un contexto mayor: el padre de Emily es un
Este el buenorro del que hablaba
magnate corrupto, malvado y sin escrúpulos (como todos los empresarios en Hollywood) que pretende destruir el barrio de Sean para construir un gran Resort de lujo. Sean pertenece a un grupo de baile conocido como “The Mob” que trata de ganar un concurso lanzado por YouTube en el cual el primer vídeo en llegar a los diez millones de reproducciones, gana diez millones de dólares. ¿Y cómo tratan de ganar semejante suma? Haciendo bailes en los lugares más inesperados, dando así de qué hablar. De hecho, la película se abre cuando The Mob paraliza el tráfico en una transitada avenida de Miami para hacer lo que mejor saben: tocar los cojones bailar. Y hasta aquí puedo leer.

Como podéis apreciar, se trata de una película muy novedosa. Debería llamarse Step Up Innovation. Ahora en serio. Step Up, como saga, nunca fue santo de mi devoción: siempre era la misma historia. Gente de barrios marginales que lucha por buscarse un lugar en el mundo, a la vez que trata de obtener a la chica que ama. Con Step Up 3, la saga tocó fondo. Es una película malísima: protagonistas repelentes (la parejita es muy poco carismática, y el tal Moose es un niñato que se dedica a vacilar a la chica que está enamorada de él), historia poco interesante, y un largo de etcétera de peros que poner. Para más inri, volvía sobre el tópico de “mis papás quieren que sea médico/ingeniero/profesión de renombre cualquiera, pero yo quiero ser bailarín”. En serio, qué hartazgo. Como parece ser que en la tercera entrega no hubo suficiente de eso, en esta cuarta vuelven a hacerlo. Emily quiere entrar en una compañía de baile de renombre pero papá quiere que herede el imperio, y Sean es obligado por su hermana a trabajar en algo serio y blablablá.

La parejita (Sean y Emily). Qué bien le sienta el traje a Sean.
Sin embargo, a pesar de de todos los errores de planteamiento que tiene la película, hay que reconocer que se aprecia cierto intento de cambio. Es así en las escenas de baile: hay un total de seis coreografías a lo grande en plan grupal, y os las voy a resumir. La primera, la quinta y la sexta me parecen mediocres. En todo caso, se salvaría la primera, en la que como dije anteriormente, interrumpen el tráfico. La quinta, aparte de que coincide con el momento más penoso y absurdo de la película, es mala. Y la sexta es un batiburrillo de diferentes bailes metidos en plan random. Mala también.


Pero la segunda (“Marcha en el museo”), la tercera (“Petándolo en el restaurante”) y la cuarta (“No estamos en venta”), son un cambio a mejor en la saga. Hablemos detenidamente de ellas. “Marcha en el museo” es la segunda que más me gusta, a veces llegando a ser la que más. Se trata de una escena bastante innovadora, en la que combinan diferentes estilos de baile con música diferente de la habitual en la saga, y todo con considerable elegancia. Me sorprendió mucho cuando la vi, pues no me esperaba algo tan genial en esta película. “Petándolo en el restaurante” me gusta menos, pero también me parece bastante buena. En este caso, predomina de nuevo la elegancia, y la música extraña en la saga. Por último, mi favorita, “No estamos en venta”, es de las mejores que he visto en cualquiera de las cuatro películas de la saga. Es espectacular, y la música elegida es fantástica. A continuación, os dejo los vídeos de estas actuaciones, en el orden en que los he presentado.






Este último baile, además, introduce un nuevo concepto para Step Up: los bailes CON sentido. Quiero decir: hasta ahora, la gente se ponía a bailar bien porque estaban en una competición, bien porque les gustaba y se ponían manos a la obra. Ahora no. Este baile es un baile reivindicativo. Trata de transmitir un mensaje: le dicen al papaíto de Emily que no piensan abandonar sus hogares, y lo hacen sin faltar, sin actos de vandalismo innecesarios. Transmiten la idea de que al arte puede ser útil, puede ayudar a cambiar las cosas (ya no solo salvando a los chicos de acabar metidos en alguna banda callejera, sino en un sentido mucho más amplio y significativo). 

Solo tengo una crítica más que hacer a la película. Y se refiere a la trama. No ya por la falta de originalidad, porque al final consigue el objetivo de entretener. Sino a los hechos en sí, que en cierto punto dejan de ser lógicos. Os voy a dar los detalles, pero no os perdéis nada por saber esto. Se ve venir si ves la película. Pues bien: Eddie es el mejor amigo de Sean desde su tierna infancia, y es además co-líder de The Mob. Admite a regañadientes a Emily, costándole aceptarla como una más. Cuando descubre de quién es hija, organiza un espectáculo tremendo (el quinto baile, que me pareció horrible) y le monta un pollo enorme a Sean. Básicamente le dice que les ha mentido a todos al ocultar de quién era hija Emily, y que se ha cargado a The Mob y una innumerable sarta de tonterías. En una conversación posterior con un conocido de ambos, Eddie dice a dicho conocido que antes era “Eddie y Sean contra el mundo”, y un montón de cosas geniales sobre su amistad. Llega un momento en el que piensas que Eddie está enamorado de Sean. En serio. Yo lo llegué a pensar. Y de ese modo, las acciones hubieran tenido algún mínimo sentido. Pero no, queda Eddie como un retrasado de proporciones épicas, y dejan el asunto pasar, volviendo Sean y Eddie a ser amiguísimos. Cuando ves la película, no entiendes nada. No tiene sentido. Si vosotros cuando la veáis, porque la vais a ver, os parece que tengo razón, decídmelo en los comentarios.

Y poco más tengo que decir al respecto de esta película. El artículo llega a su fin. Nos vemos mañana, con mi recomendación literaria.

Pasadlo bien, y si no, también.


James Moriarty


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