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12 dic 2012

¿Un libro? No, cinco (de momento): Canción de Hielo y Fuego

Para mi primera recomendación literaria, he elegido sin duda la que se ha convertido en mi nueva saga fetiche. Después de superar el final definitivo de Harry Potter, no había encontrado ninguna saga que de verdad me llenara como aquella. Sin embargo, hace un par de años descubrí Juego de tronos (el primer libro) gracias al anuncio de la realización de su adaptación a la pequeña pantalla.

Se trata de una saga que a pesar de contener “pequeños” guiños a la fantasía, es muy realista. Si te gustan las conspiraciones, las traiciones y los giros de guión inesperados y que te ponen de mal humor, esta es tu saga. No os voy a dar ningún resumen, es mejor que la leáis directamente, sin sinopsis ni nada.

He de advertir que si habéis visto la serie, habrá dos cosas que os sorprenderán. La primera, es la fidelidad que existe entre las obras escritas y la adaptación. Pero tranquilos, que esto solo ocurre en la primera temporada. Ya se encargaron los productores en la segunda de inventarse un montón de datos ficticios y guiones absurdos e innecesarios. La otra cosa será la falta de sexo en las novelas. Si bien un capítulo de Juego de tronos no puede ser grabado sin que veamos al menos una escena de sexo, y al menos un par de senos (y no los de un triángulo), en los libros las escenas subiditas de tono son anecdóticas.  Pero ya sabemos que la carne vende, y si al espectador medio le pones 50 minutos de trama difícil de seguir sin que haya algún momento morboso, al final se cansa y deja de ver la serie. Esto me recuerda a Crepúsculo, por ejemplo. ¿Cómo atraemos a miles de jóvenes con las hormonas enloquecidas? Umm… Pues claro, hagamos que el lobo no tenga una camiseta a mano en toda la película. Totalmente lógico, y necesario. Esto es también extrapolable al cine español (Mentiras y gordas, A tres metros sobre el cielo y derivados, y un larguísimo etcétera de producciones con un guión y unas tramas de medio dedo de profundidad, pero con más carne a la vista que en cierta zona de Ámsterdam)

A este personaje se le va mucho la cabeza
Dos consejos si os vais a subir a esta trepidante aventura que es Canción de hielo y fuego. El primero, no existe internet. Jamás se os ocurra entrar en ninguna wiki sobre la saga, ni entrar en ningún video en YouTube relacionado con este tema, ni ver los comentarios en fotografías de la serie, y tampoco en carteles de Cuanta Razón y similares. La red está llena de trolls que enseguida te spoilean la saga entera. No es raro encontrar una fotografía promocional en la que salgan los personajes (actores), y haya un par de ellos en una posición sospechosa, que enseguida alguien pone: en realidad esto no es ningún spoiler. Al fin y al cabo para el cuarto libro ya han muerto. Jajaja. Que gente más graciosa. Lo peor que te puede pasar es leerlo por casualidad y luego, tras horas de resistencia numantina, entrar en una wiki a leer si lo dicho en el comentario es verídico. En mi caso, descubrí que el spoiler era mentira, y una cosa me llevó a otra, destripando el destino del personaje para el resto de la saga. Segunda. Poned una velita al escritor y rezad antes de acostaros por él; cualquier cosa que pueda evitar que el mayor temor de todo fan se materialice: que George R.R. Martin muera. Y es que el pobre hombre ya está mayorico, y se toma con mucha tranquilidad la escritura de cada libro, por lo que no hay total seguridad en que acabe la saga.

Y como regalo, una advertencia. No cometáis jamás el error de encariñaros de un personaje (a ver si se me entiende, no me refiero a que tengáis una foto suya en la cartera) porque pagaréis las consecuencias. Avisados quedáis.

Esto es todo por hoy. Sí, sé que dije hace dos semanas (o tres) que este artículo iba a ser subido, pero es que la vagancia los exámenes aprietan duro. Qué expresión más apropiada. Bueno, no pasa nada. Sé que me vais a perdonar, ¿eh? Más os vale. Pronto, aprovechando las fiestas, puede que subamos con mayor asiduidad. Pero no os prometemos nada. De todos modos, siempre tenéis nuestros blogs independientes por si os aburrís, cosa que no dudo si todavía estás leyendo este párrafo interminable.

Pasadlo bien, y si no, también.

James Moriarty

12 nov 2012

Hablemos de Series: Sherlock


Por mucho que este artículo mereciera ser de mi inestimable colega James Moriarty, será mi humilde persona quien traiga esta maravillosa serie a las páginas de El Quisquilloso.

Supongo que todo el mundo conocerá a Sherlock Holmes, el célebre personaje de Sir Arthur Conan Doyle. Y es fácil imaginárnoslo en las neblinosas calles del Londres victoriano husmeando pistas que nadie más parece ser capaz de encontrar. Pero… ¿alguna vez te lo habías imaginado usando un Smartphone para saber dónde ha llovido en las últimas horas? ¿O a John Watson escribiendo sus casos no en un libro, sino en un blog? Pues ahí lo tenemos. La adaptación que hizo la cadena británica BBC ante la repentina popularidad que volvió a ganar este personaje tras las dos películas protagonizadas por Iron Ma-, quiero decir, Robert Downey Jr. Situar la historia en nuestro siglo XXI. Y debo decir que el resultado es más que redondo. Se adaptan a nuestro tiempo famosísimos casos como El Sabueso de los Baskerville o Escándalo en Bohemia. Y al ser en la actualidad, Sherlock Holmes puede disponer de un frigorífico donde cómodamente conservar una cabeza cercenada… o unos pulgares…

Punto negativo, que cada temporada, dos por ahora, sólo tiene tres capítulos. Vale que duren más que un capítulo medio de cualquier serie, con aproximadamente hora y media (así que imaginaos las horas que estuve mirando a la televisión cuando la echaron en Ant*na 3…) . Y creedme, se te llegan a hacer cortos. 

Puntos positivos, así en plural… aparte  de un reparto increíble, he de decir que el trabajo de adaptación es absolutamente maravilloso, y todos los capítulos están plagados de referencias a la obra original (un guiño a los lectores de Conan Doyle). Si no te gusta leer, me parece una forma estupenda de acercarte al mundo del “primer detective asesor”. También es cierto que la serie enaltece la figura de John Watson, que en las novelas a veces es poco más que un testigo asombrado por las habilidades de su compañero. Y bueno… ya ni comentar al archienemigo de Sherlock Holmes, James Moriarty, cuyas apariciones son cuanto menos… peculiares… (en serio, no volveré a escuchar la canción de Stayin’ Alive de la misma forma que antes…).

En resumen, una muy buena serie, con un argumento sólido, acción, misterios y también humor. Una recomendación: si por algún casual, podéis disponer de ello, vedla en inglés (no, esto no es para nada parte de mi campaña para expandir la influencia del Reino Unido en todas partes, en absoluto, lo juro). Antes que nadie empiece a protestar de que así no se enteraría de nada, diré una palabra mágica: “subtítulos”. Realmente merece la pena escuchar las voces en original, a pesar de que  también me guste mucho el doblaje español. Aunque la voz de Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, entre otros, sea incomparable… y tenga ese acento británico que tanto me fascina.

Arthur Kirkland

7 oct 2012

Hablemos de Series: The New Normal


¿Qué pasaría si una pareja gay decidiera tener un hijo a través de una “madre de alquiler”? La respuesta de la gran mayoría de la gente a esta pregunta sería, en teoría, simple: nada. Pero, ¿de verdad lo piensan? ¿O simplemente lo dicen para quedar bien?

Y es que el cinismo está a la orden del día. Porque, ¿quién no conoce a alguien que dice que no tiene ningún problema con la homosexualidad, pero en realidad, luego la utiliza como arma arrojadiza? Hace unos días, por ejemplo, escuché una crítica hacia Miguel Bosé. Podían criticar tropecientos aspectos de su carrera musical (nótese que no es santo de mi devoción a nivel artístico). Sin embargo, optaron por decir que era un “asqueroso chupa*piii*. ¡Rayos!, argumento convincente donde los haya. O, sino, véase el caso de nuestro gran amigo Justin Bieber. Es sabido que el insulto más utilizado hacia él es “gay” (hasta yo lo he utilizado). De hecho, he realizado la pequeña locura de ver su último videoclip en YouTube, “Boyfriend”, y el comentario con más likes era el siguiente: “one word: gay”. No analizan sus letras de gran calado, o su portentosa voz, por no hablar de su gran ejército de fans, de los más respetuosos que conozco. No. Es más fácil atacar con algo que seguramente ni sea verdad. Y que, al fin y al cabo, no nos incumbe. Está, por tanto, más que claro que la sociedad no acaba de aceptar esta orientación sexual como algo normal.

Sobre esta base desarrolla su historia dicha serie. A pesar de que me suelo enterar tarde de los estrenos de tv y en general, de cualquier cosa que se presente, publique o anuncie, esta vez descubrí la serie antes de su emisión. Y es que saltó la noticia de que una filial de la NBC en Utah decidió no emitirla por tener personajes gays. Ante tanta polémica (que salga la noticia en periódicos de tirada nacional, como en este caso, El País, así lo demuestra) decidí aventurarme y verla. Porque, si es tan polémica, tiene que ser buena, ¿no?

Pues sí. Y no. Es un bastante decepcionante mix de ambas opciones, al menos al principio. De momento, con cinco capítulos emitidos, en mi modesta opinión, se podría dividir la serie en dos fases. La primera, que va desde el desconcertante piloto (por lo poco llamativo, no os creáis que por original) hasta el tercer capítulo, que supone un punto de inflexión total. El primer capítulo te deja frío. Los personajes no te transmiten demasiado, a excepción de Shania, la hija de la madre de alquiler. Pero como los pilotos de las series suelen ser bastante decepcionantes, pues todavía están buscando su rumbo, decidí ver el segundo. Mejora respecto al primero. Los personajes atrapan más, y la temática amplía horizontes. Y entonces llega el tercero. Los temas tratados hasta entonces pasan a ser totalmente nimios en comparación con la del tercer capítulo. Porque hablan del odio. Y lo tratan con acierto, al menos en mi opinión. Este es, por así decirlo, un capítulo algo dramático. Pero la vida no es todo risa y algarabía. Además, los personajes terminan por cuajar, y en mayor o menor medida, empatizas con ellos.  A partir de este capítulo, comienza la segunda fase. Una en la cual los temas pasan a ser definitivamente más generales, permitiendo que la serie sea accesible a cualquier tipo de público. Por tanto, la serie parece haber ido in crescendo.

Un gran problema es el exceso de estereotipos. Porque claro, no podía faltar el gay de libro: snob, estirado, interesado en muebles de diseño, ropa de marca y en que todo haga juego. ¿Qué finalidad tiene eso? Sigo sin verlo claro. Y esto se da por igual en otros personajes. Entiendo que con esto se busca una crítica de los mismos, pero no es algo muy visible. 
Otro de los grandes problemas es ya más personal, porque tengo una bajísima capacidad para tolerar los giros de guión telenovelescos (es decir, poco originales, y sobre todo, liantes). Pero es que ni siquiera pueden ser considerados giros, sino que simplemente son las típicas subtramas de los malos malísimos que tratan de fastidiar al héroe. Pero claro, aquí tampoco tienen mucho sentido. Al menos solo se dan con el suficiente grado de molestia en los dos primeros capítulos. 

Pero, por encima de todos los inconvenientes, sobresale uno: lo previsible de los acontecimientos. En todo momento es fácil predecir qué cosas van a pasar. Por otro lado lógico, puesto que si no consiguieran que el predictor se volviera azul, no habría historia que contar. Pero por lo general, todo es muy obvio.

En el apartado positivo, lo bueno de la historia es que consiguen que un mensaje que en teoría solo puede aplicarse para una minoría, valga para casi todo el mundo. En un principio sí, todo gira en torno a la igualdad que deberían tener los homosexuales. Pero poco a poco, se va convirtiendo en una reivindicación del derecho que todos tenemos a ser nosotros mismos: frikis, “empollones”, cierrabares,  homosexuales, etc. Incluso canis. Pero no se encasillan en eso. También tratan el miedo al cambio. Es decir, la inquietud que despiertan en las personas las grandes decisiones de la vida: dejar el nido de papi y mami, casarse, tener hijos, y un largo etcétera. Las difíciles relaciones padre/madre-hijo, o las también complejas entre suegros y nueros. Y la sexualidad. Pero no como vosotros pensáis, pillines. Lo hacen reivindicando el respeto hacia uno mismo y hacia los demás, lo cual no está nada mal, teniendo el patio como lo tenemos. Pero los más destacables son el odio y la hipocresía. Están bien tratados, uno en tónica de drama y otro de forma cómica. Lo mejor es que el odio no se trata desde una perspectiva egoísta, sino que se enfoca así: a mi me pueden hacer todo el daño que quieran, pero, ¿cómo voy a defender a mi hijo de ese odio? Desde luego, lo mejor de esta serie no son las gracias, sino su temática.

En varios aspectos, me recuerda a Modern Family. Esta la recomiendo sin temor a equivocarme. Es muy buena, al menos, en mi modesta opinión. Pero mejor que lo comprobéis por vosotros mismos.

Resumiendo:
Es una buena serie, que sirve para ver temas de actualidad desde otro punto de vista. También para saber algo más acerca de asuntos poco tratados, como es por ejemplo todo lo relacionado con las llamadas “madres de alquiler” (hay que ver qué término). Y a ser un poco más abiertos de mente, que nunca viene mal.

James Moriarty